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Hormigueo y adormecimiento en manos y pies: ¿cuándo es una simple postura y cuándo una alerta de salud?

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¿Alguna vez te has levantado por la mañana con la sensación de tener la mano completamente «muerta» o te has levantado del sofá tras cruzar las piernas y has sentido un intenso hormigueo en el pie que te impedía dar un paso? Esta experiencia, conocida en el ámbito médico como parestesia, es algo que prácticamente todos hemos vivido en algún momento.

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En la inmensa mayoría de las ocasiones, no pasa de ser una pequeña incomodidad pasajera provocada por una postura forzada. Sin embargo, cuando este síntoma deja de ser una anécdota casual y empieza a repetirse con frecuencia, a prolongarse durante horas o a manifestarse acompañado de dolor o debilidad, el cuerpo nos está enviando un mensaje claro que conviene no ignorar.

Comprender cómo funcionan nuestros nervios y la circulación sanguínea es el primer paso para aprender a diferenciar un incidente postural sin importancia de una alteración neurológica o metabólica que requiera la intervención de un especialista.

La causa más común: la compresión nerviosa transitoria

Para entender por qué se duerme una extremidad, basta con imaginar el sistema nervioso periférico como una red de carreteras de alta velocidad que transporta información constante entre el cerebro, la médula espinal y el resto del organismo. Cuando permanecemos mucho tiempo en una misma posición —por ejemplo, al dormir sobre un brazo, apoyar los codos en una superficie dura o sentarnos con las piernas cruzadas—, ejercemos una presión mecánica directa sobre los nervios o sobre los pequeños vasos sanguíneos que los nutren.

Esta presión interrumpe temporalmente la transmisión de los impulsos eléctricos. Al cambiar de postura y liberar la zona contraída, el flujo sanguíneo y las señales nerviosas comienzan a restablecerse. Es en ese proceso de «reactivación» cuando experimentamos la clásica sensación de punciones, ardor o pinchazos como de agujas. Si el malestar cede por completo en cuestión de dos o tres minutos tras mover la extremidad, se trata de una parestesia fisiológica normal que no requiere mayor preocupación.

Cuando el problema radica en los nervios: atrapamientos y neuropatías

Si el adormecimiento deja de responder a cambios de postura inmediatos y se vuelve un visitante habitual, la causa podría estar en la irritación o pinzamiento continuo de algún tronco nervioso. Dependiendo del lugar donde se produzca la compresión, los síntomas se manifestarán en áreas muy específicas:

Síndrome del túnel carpiano: Ocurre cuando el nervio mediano, que discurre a través de un estrecho pasaje en la muñeca, se inflama o comprime. Es extremadamente frecuente en personas que realizan movimientos repetitivos con las manos, como teclear, usar el ratón o trabajar con herramientas manuales. Suele provocar entumecimiento en el dedo pulgar, índice, corazón y parte del anular, siendo muy habitual despertarse a mitad de la noche con la necesidad de agitar la mano para aliviar las molestias.

Compresiones en la columna (Radiculopatías): Tanto en la región cervical como en la lumbar, las hernias discales, las protusiones o el desgaste articular (artrosis) pueden presionar las raíces nerviosas que salen de la médula espinal. Un pinzamiento en el cuello puede proyectar un choque eléctrico o adormecimiento a lo largo del brazo hasta los dedos, mientras que una compresión en la zona lumbar conocida comúnmente como ciática puede irradiar la molestia por la nalga, el muslo y la pierna hasta la planta del pie.

Neuropatía diabética: una complicación que requiere vigilancia

La diabetes mellitus es una de las causas metabólicas más frecuentes de alteración nerviosa progresiva. Cuando los niveles de glucosa en sangre permanecen elevados durante periodos prolongados, se produce un daño progresivo en las diminutas arterias (vasa nervorum) que suministran oxígeno y nutrientes a las fibras nerviosas periféricas.

Este tipo de daño, denominado neuropatía diabética periférica, suele manifestarse en forma de «guante o calcetín», es decir, comenzando en las puntas de los dedos de los pies o de las manos y ascendiendo paulatinamente. Además del adormecimiento, es común sentir una molesta sensación de ardor, quemazón o extrema sensibilidad al simple roce de las sábanas.

El principal peligro de la neuropatía en las personas con diabetes es la pérdida de sensibilidad protectora. Al no percibir el dolor de manera adecuada, una pequeña ampolla, un roce con el calzado o un cuerpo extraño dentro del zapato pueden pasar totalmente inadvertidos, evolucionando hacia úlceras o infecciones de gravedad. Por esta razón, la inspección diaria de la piel de los pies, el uso de calzado cómodo y sin costuras internas y el control riguroso de la glucemia constituyen pilares fundamentales de la prevención médica.

Déficits nutricionales y factores circulatorios

La salud de nuestro sistema nervioso depende en gran medida de un aporte equilibrado de determinados micronutrientes. La falta de ciertas vitaminas del complejo B especialmente la vitamina B12 (cobalamina), la B1 (tiamina) y la B6 (piridoxina) puede desencadenar daños en la capa protectora de los nervios (mielina), provocando adormecimiento, hormigueo y falta de coordinación en las piernas.

Es crucial señalar que, ante la presencia de estos síntomas, la solución no debe ser el consumo indiscriminado de suplementos vitamínicos de venta libre. Ciertas vitaminas tomadas en exceso como la vitamina B6 pueden resultar paradójicamente tóxicas para el sistema nervioso y empeorar el cuadro.

Por otro lado, los problemas circulatorios arterial o venoso también pueden imitar o acompañar al adormecimiento. Cuando la sangre no fluye adecuadamente hacia los pies o las manos devido al estrechamiento arterial (enfermedad arterial periférica), el entumecimiento suele ir acompañado de:

Cambios de temperatura: Las manos o los pies se sienten notablemente fríos al tacto.

Alteraciones de color: La piel adopta un tono pálido, azulado o marmóreo.

Dolor con la actividad: Sensación de calambre intenso en las pantorrillas al caminar una cierta distancia que obliga a detenerse (claudicación intermitente).

¿Cuándo el adormecimiento es una emergencia médica?

Existen situaciones en las que el entumecimiento no da margen de espera y requiere atención médica inmediata en un centro de urgencias. Un adormecimiento repentino de la cara, el brazo o la pierna —en especial si afecta únicamente a un lado del cuerpo puede ser el síntoma inicial de un Accidente Cerebrovascular (ACV o ictus).

Busca ayuda médica de emergencia sin demora si el hormigueo o entumecimiento aparece acompañado de cualquiera de los siguientes signos de alarma:

Debilidad o parálisis repentina en la cara o en las extremidades de un lado del cuerpo.

Dificultad para hablar, articular palabras o comprender lo que otros dicen.

Asimetría facial (por ejemplo, cuando al intentar sonreír la boca se desvía hacia un lado).

Pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos.

Mareo intenso, pérdida del equilibrio o imposibilidad de mantenerse en pie.

Dolor de cabeza repentino, insoportable y de intensidad nunca antes experimentada.

Pérdida del control de esfínteres (incontinencia urinaria o fecal).

Aparición del síntoma tras un traumatismo o golpe grave en la cabeza o la columna.

Recomendaciones prácticas y cuándo pedir cita con el médico

Para el adormecimiento ocasional y sin gravedad provocado por posturas incómodas, la mejor conducta es realizar movimientos suaves de la articulación afectada para favorecer la circulación. Se debe evitar dar masajes bruscos o aplicar fuentes de calor directo (como bolsas de agua caliente) sobre áreas que hayan perdido sensibilidad, ya que se corre el riesgo de sufrir quemaduras sin darse cuenta.

Es aconsejable programar una consulta con tu médico de cabecera si el síntoma presenta alguna de estas características:

Aparece con frecuencia sin una causa postural evidente.

Empeora gradualmente con el paso de las semanas.

Interrumpe el descanso nocturno o dificulta tareas cotidianas como abrocharse la ropa, sujetar la cubertería o caminar con seguridad.

Se acompaña de pérdida visible de masa muscular o pérdida de fuerza en las manos o pies.

En la evaluación clínica, el médico podrá realizar un examen neurológico básico, solicitar analíticas de sangre o derivarte a estudios especializados como una electromiografía o pruebas de imagen para identificar con precisión la causa subyacente. Diagnosticar a tiempo la causa de una alteración sensitiva es la mejor herramienta para preservar la función nerviosa, la movilidad y la calidad de vida a largo plazo.

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