¿Qué es la ansiedad anticipatoria?
La ansiedad anticipatoria es la preocupación, miedo o nerviosismo que aparece antes de que ocurra una situación, al imaginar que algo malo, incómodo o difícil podría pasar.
Es una respuesta normal en cierta medida: por ejemplo, sentir nervios antes de un examen, una entrevista de trabajo o una presentación. Sin embargo, cuando es intensa o frecuente, la persona puede sufrir más por lo que imagina que por lo que realmente sucede.
Cómo se manifiesta
Puede producir:
Pensamientos repetitivos sobre posibles problemas o fracasos.
Sensación de inquietud o tensión.
Aceleración del corazón.
Sudoración, temblores o molestias estomacales.
Dificultad para concentrarse o dormir.
Evitación de situaciones que generan temor.
Ejemplos
Pensar durante días que una entrevista saldrá mal.
Preocuparse excesivamente por un viaje antes de realizarlo.
Imaginar que una conversación importante terminará en conflicto.
Sentir ansiedad desde la noche anterior a una cita médica.
¿Por qué ocurre?
El cerebro intenta prepararse para posibles amenazas futuras. El problema aparece cuando sobreestima el peligro y subestima la capacidad de afrontarlo, generando escenarios negativos que pueden no llegar a ocurrir.
Cómo ayudar a reducirla
Identificar qué pensamientos son hechos y cuáles son suposiciones.
Centrarse en lo que se puede controlar.
Evitar buscar constantemente garantías o seguridad absoluta.
Practicar técnicas de relajación o atención plena.
Exponerse gradualmente a las situaciones temidas en lugar de evitarlas.
Buscar apoyo profesional si la ansiedad interfiere con la vida diaria.
Si me cuentas en qué situación estás sintiendo ansiedad anticipatoria, puedo ayudarte a entender mejor qué la está desencadenando y qué estrategias podrían servirte.
La ansiedad anticipatoria es la sensación de alerta que aparece cuando nuestra conciencia está volcada al futuro. En realidad, se trata de una respuesta de malestar ante la incapacidad de poder controlar lo que sucederá. Se manifiesta en todas las dimensiones del ser humano (corporal, mental y espiritual) y se asocia a la necesidad de dominar lo indisponible del porvenir, lo que acaba generando inquietud o ansiedad, por cuanto creemos que eso, que no sabemos si ocurrirá o no, puede comprometer nuestra existencia.
La ansiedad anticipatoria puede desencadenarse en situaciones de indefensión de los sujetos, cuando su supervivencia está amenazada. Pero, paradójicamente, también se acentúa en contextos socioculturales donde los sujetos aspiran, inconscientemente, a tener controladas todas las variables involucradas en su vida. Como esto, aun teniendo todas las comodidades satisfechas, no puede garantizarse, la anticipación ansiosa acaba por malograr el presente y, además, impide afrontar el futuro de manera lúcida.
Como en cualquier respuesta del ámbito del estrés, ante situaciones novedosas o de mayor incertidumbre, lo habitual es que se active el sistema de alerta. En este caso, cumple una función adaptativa. No obstante, puede suceder que este patrón de alerta permanezca activado más allá de lo necesario. Bien porque nos exigimos controlar cualquier eventualidad, bien por elevado perfeccionismo, bien por la aceleración propia de nuestro día a día, que nos impide detenernos a considerar qué depende y qué no de nosotros y qué podemos y no podemos hacer (o dejar de hacer) al respecto
Para aprender a regular esa ansiedad perpetuada e inmotivada, es preciso aprender a regular las emociones. Esto sólo se consigue si nos paramos, al menos una vez al día, a contemplar cómo estamos. Esto incluye nuestros estados corporales, las emociones y los pensamientos que ocupan nuestra conciencia. Si estamos muy turbados, puede ayudarnos centrar la atención en la respiración o bien aplicar técnicas de relajación. De ese modo, se calma la mente (a través de la relajación del cuerpo) y esto nos permite ir reconfigurando esos patrones automáticos anticipatorios que nos impiden ver con claridad en nuestro día a día.